Todo comenzó un 26 de noviembre de 1994, en una fiesta del colegio María Auxiliadora. Éramos jóvenes, cómplices, y sin darnos cuenta iniciábamos algo que marcaría nuestras vidas para siempre. Fuimos nuestros primeros pololos, pero antes de eso —y por sobre todo— nuestros mejores amigos.
El 4 de mayo de 1995 dimos ese primer paso juntos, sin saber que el amor que nacía entonces tendría la fuerza suficiente para acompañarnos a lo largo del tiempo, incluso cuando la vida decidió ponernos a prueba.
Nuestro camino no ha sido lineal. Estuvo lleno de encuentros y despedidas, de pausas necesarias, de bendiciones que nos hicieron crecer y de desafíos que nos enseñaron a mirar la vida con otros ojos. Cada experiencia, cada silencio y cada reencuentro fue parte de un aprendizaje profundo.
Aunque el tiempo nos llevó por caminos distintos, nunca dejó de unirnos de una forma invisible pero poderosa. Porque cuando el amor es verdadero, sabe esperar, transformarse y volver a encontrarse.
Hoy, con una historia que nos sostiene y un vínculo que ha sabido madurar, celebramos el reencuentro más importante de todos: el de dos almas que, pese a todo, siempre supieron volver a elegirse.